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En el rol nos encontramos en la fecha 7 al 14 de Septiembre del 2009 y esto será hasta el 7 de Agosto (vida real).
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Un RPG que combina el mágico universo de Harry Potter con la realidad de una Academia de Artes y Deportes en el mar Mediterráneo.

¡Gracias Murphy!

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¡Gracias Murphy!

Mensaje  Savannah Andrews el Vie Jul 30, 2010 5:17 am

|Jueves, 10 de Septiembre. Año 2009|
|7:23 am|
|Reservado|


Aquella mañana se había levantado inesperadamente tarde, tanto, que cuando salió de su habitación para correr a darse un baño; sus padres estaban sirviendo el desayuno. Y aquello hubiera parecido normal de no ser por dos detalles importantes: 1) Savannah siempre ayudaba a preparar el desayuno. 2) Ella desayunaba sola, porque sus padres siempre se estaban preparando para ir a trabajar o llevar a Anthony a la escuela y a Clarisse al jardín de niños. Es decir, Aaron y Sarah comían a eso de las seis y cincuenta de la mañana…, Savannah tenía clases a las siete. Es decir: era irremediablemente tarde.

Cuando el reloj marcó las siete, ella ya peleaba con la camiseta blanca que quería vestir ese día —la que llevaba el símbolo de la paz en medio. La camiseta que hacía sentir a su padre orgulloso. La que sus abuelos, sin duda, amarían—, porque, como era de esperarse: la dichosa prenda se hacía la difícil sólo porque ella necesitaba salir corriendo para poder llegar a clases. Afortunadamente, sus libros estaban en la mochila desde la noche anterior, así que fue cuestión de segundos para que terminara la lucha con la camiseta y saliera como una exhalación, de su dormitorio, sabiendo que la cama era un desastre, que los jeans, de pronto le arrastraban en exceso, así que era probable que el ruedo hubiera pasado a la historia, y que no se había atado la trenza del zapato izquierdo. Pero sus Converse nunca la dejaban mal, así que pensar en que serían responsables de ocasionarle una caída, parecía casi un insulto.

—¡Savannah! —sí, era la voz de Aaron; y si ella no hubiera crecido siendo su mejor amiga, tal vez habría pensado que estaba molesto, pero no, su padre no se molestaba nunca. Podía ser serio, cuando la ocasión lo requería, pero ¿molestarse?, aquello era casi imposible. —Detente un momento. Aún tienes tiempo para desayunar. —y su hija estuvo a punto de echarse a reír, pero no lo hizo porque estaba un poco más que demasiado apurada. Así que dio una excusa rápida, mientras tomaba un par de tostadas, las envolvía con servilletas, para luego guardarlas en la mochila y besar a sus hermanos, antes de informar a sus padres que, al salir de la escuela, iría directamente al café de Violet, la madre de Callum.

¿Y qué pudo decir Aaron? Nada, porque Savannah parecía un tornado a punto de destrozar la casa y, tal vez, era mejor dejarla salir de allí en santa paz.

El camino a la escuela fue accidentado, no sólo porque el ruedo/ex ruedo del pantalón había quedado reducido a un listón de tela que se enredaba cada dos por tres en los pedales de su bicicleta; sino porque había olvidado los palitos para atar su cabello, de modo que éste parecía haber entrado al ejército, para batallar en una guerra contra el viento. Así que cuando llegó al edificio y “estacionó” en el aparcamiento, en el que ya se veían varías bicicletas; sólo pudo atinar a hacerse una trenza mientras caminaba hacia el salón, pensando en la excusa que podría darle al profesor Lewis por haber llegado tan tarde. ¿Qué iba a decirle? ¿Que se había quedado dormida a las tres de la mañana, analizando una canción que no pensó que le gustaría jamás? No, aquello le valdría una amonestación por burla o algo parecido. Y tampoco podía decir que los autos no la dejaban circular porque, en aquella escuela, todos parecían conocer cada detalle de su bicicleta y el profesor podría decirle que no había ningún problema en andar por las aceras. Así que tenía que decirle algo más simple: me quedé dormida, no escuché la alarma, estuve estudiando hasta muy tarde. Sí, eso diría…, cuando pudiera recuperar el aliento. Aunque primero debía llamar a la puerta y comprobar que nadie quería abrir.

¿Cómo?

Ajá, nadie abría la puerta. Y aunque sabía que llegaba tarde, le parecía exagerado y absurdo que el señor Lewis la obligara a permanecer fuera del aula. Muy bien, ella no era un ratón de biblioteca, pero le preocupaba perder al menos una clase. En eso pensaba, cuando una de sus compañeras de curso se acercó a ella —con algo parecido a un sándwich, en las manos…, que le recordó lo hambrienta que estaba— para informarle que el señor Lewis estaba enfermo, que no habían podido encontrar un suplente a tiempo y que tenían hora libre.

—¡Perfecto! —exclamó entre sorprendida y molesta. —¡Gracias Murphy! —agregó, dirigiendo una mirada al cielo y luego, al suelo… porque no se sabía si el hombre había ido a parar al cielo o al infierno.

Y la chica sonrió, su compañera, porque incluso cuando quería parecer enojada, Savannah adoptaba actitudes que sólo podían ser divertidas. Le dio una palmadita en el hombro derecho y la dejó sola en medio del pasillo; dejándose caer hasta el suelo y apoyando la espalda en la pared, para sacar sus tostadas de la mochila, apartar las servilletas y darle un mordisco a la primera, cerrando los ojos y sonriendo al fin, porque las tostadas de su madre eran las mejores de todo el mundo.
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Savannah Andrews
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Re: ¡Gracias Murphy!

Mensaje  Callum Castenmiller el Vie Jul 30, 2010 3:52 pm

"¿Tiene algo que añadir, señor Castenmiller?"

El chico miró al subdirector y se encogió de hombros, ¿se supone que tenía
permitido abrir la boca en una situación como aquella en que le estaban avisando que comenzaba su año escolar de manera condicional?

"No permitiremos que su comportamiento del año anterior se repita..."

Callum se acomodó en su silla mientras recordaba lo mona que estaba Jeane esa mañana con sus trenzas mientras caminaban rumbo a su escuela, la mocosa se
había ido parloteando todo el camino sobre su proyecto de ciencias de ese año,
incluso le había pedido ayuda a Cal, y por supuesto él no se la había negado,
de hecho, aunque muchos no lo supieran él era bastante bueno en Ciencias...
cuando estudiaba... lo cual era de tarde en tarde, y ahí radicaba el problema,
Callum odiaba estudiar, siempre sus notas reflejaban el mínimo esfuerzo, y por
ello sus padres se enfadaban con él.

"Lo mismo le hemos dicho al que parece ser su compañero de juergas, el señor Rodgers..."

Aiden.
Callum se hubiese reído de buena gana estando en otra situación, "compañero de juergas". Asintió con la cabeza, fingiendo estar escuchando todo lo que el subdirector estaba diciendo, lo cierto es que su cabeza andaba en cualquier parte, ¿qué clase se suponía que tenía a primera hora? ¿Literatura? ¿Biología? No había alcanzado a caminar ni medio pasillo cuando el subdirector -que por cierto tenía una cara de marsupial impresionante- lo había pescado para llevarlo a su oficina.

"Hemos terminado, señor Castenmiller..."

Al fin. Pensó el chico. Quien se levantó de su asiento de un salto y huyó de esa minúscula y asfixiante oficina lo más rápido que pudo. Por supuesto los pasillos vacíos, las clases ya habían comenzado; se dirigió a su casillero, su paso tranquilo, los ecos de sus zapatos haciendo reververancia en cada pasillo que cruzaba; si éste hubiese estado atestado de gente seguramente los saludos no se hubiesen hecho esperar, Callum era bastante conocido dentro de la escuela, y es que el chico
era muy carismático, sumando todo el cuento de la banda, que había incrementado el número de chicas que lo abordaban en la escuela, ¿era cierto que a las chicas les
ponía un tío con guitarra? al parecer sí.

Mientras continuaba tratando de acordarse de su horario de clases –algo imposible siendo sus primeros días de escuela- se acomodó su sombrero, casi un tic que tenía el chico, como siempre no podía dejar de usar sus amados sombreros de ala corta, vistiese lo que vistiese era muy común verlo usando alguno, y aquel día el chico vestía unos desvencijados jeans oscuros, polera negra con la estampa de uno de sus grupos de electrónica favoritos: “Justice”, y un polerón plomo abierto adelante, nada muy estrafalario, pero que ciertamente gritaba a la legua que el chico tenía facha, y lo quisiera o no, sabía explotarla. Unos pasos más y al fin dio con su casillero, trató de encontrar su horario, como era de esperar no lo halló, por lo que comenzó a caminar a la deriva, con la esperanza de tener un espasmo de iluminación y recordar qué clase tenía en la primera hora. No llevaba ni dos pasillos
transitados cuando la visión frente a él le hizo sonreír torcidamente, se acercó sigiloso hasta la chica que se encontraba sentada en el piso comiendo lo que parecía ser un pan.

- ¿Estoy alucinando o Savannah Andrews esta fuera cuando debería estar en
clases? ¿Te han expulsado, enana?
- preguntó mientras se sentaba junto a
ella y le daba un sonoro beso en la mejilla.- ¡Te he dicho que las juntas con
ese Castenmiller terminarían manchando tu expediente, señorita!
- exclamó con falso reproche mientras apoyaba su cabeza en el hombro de la chica, adoptando una pose mucho más desordenada que ella al desparramarse prácticamente en su puesto.

La observó de costado, y respiró sutilmente el aroma que expelía el cabello de la chica, Callum se lo decía todo el tiempo, le encantaban esos pequeños detalles de su mejor amiga, como el aroma de su shampoo, ¿o colonia? que usaba.

- Hueles sexy...- comentó como siempre para picarla un poco, lo cierto es que si bien Savannah y él eran tan distintos, había una química inmensa entre ambos, y habían logrado ser grandes amigos, de los buenos, y sólo amigos... de hecho, Sav era la única chica que a pesar que a Callum le encantaba (¿cómo no hacerlo?) nunca había llegado a traspasar la barrera de amistad, y eso estaba más bien para él, necesitaba de una chica como Sav en su vida -y vaya que sí- aunque no quitaba que de vez en cuando la molestara para disfrutar de esos ceños fruncidos y semblante sonrojado.
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Re: ¡Gracias Murphy!

Mensaje  Savannah Andrews el Sáb Jul 31, 2010 12:45 am

No podía dejar de pensarlo: había sido un error llevar, sólo, dos tostadas a la escuela. ¿Por qué había tenido que levantarse tan tarde? Es más, ¿por qué había tenido que ignorar la enfermedad del profesor Lewis? Si lo hubiera sabido antes, a esa hora, estaría dormida o tal vez levantándose, e incluso, comiendo un par de tostadas extra. ¿Qué necesidad había de hacer todo el trayecto a la escuela, corriendo como si huyera del fin del mundo? ¿Qué necesidad había, de perderse el desayuno de su madre, sólo para que el profesor faltara a clases? Aunque, la verdad, las cosas estaban bien así. Prefería estar allí, en medio del pasillo, acompañada única y exclusivamente por la tostada que le quedaba, a tener que estar inventando excusas que el profesor no podría creer; por no decir que tenía algo más de tiempo para respirar tranquila. Es más, viéndolo bien, se estaba perfecto en ese lugar, sin clases, sin preocupaciones y con una tostada de las de su madre. Era tener sólo una o haber llegado a la escuela sin desayuno.

De todas formas, por muy lado positivo que le hubiera encontrado al asunto, sabía que hacía falta algo: una buena dosis de cafeína. Sí, en lo que llevaba de mañana no había probado una gota de café y, de un modo que no podía explicar, comenzaba a extrañarlo. Lo que faltaba, era que se convirtiera en adicta o algo parecido. Porque ya bastante tenía con no poder madrugar, ni inventar una buena excusa, ni arreglar su cabello como debería —y mientras pensaba en ello, comenzaba a soltar la trenza que se había hecho como medida de emergencia; porque no le gustaban mucho las trenzas, marcaban su cabello y lo dejaban repleto de ondas con las que ella no quería lidiar en aquel momento—, ni muchas otras cosas más; como para añadir a la lista la adicción al café. Muy bien, eso le hizo sonreír de nuevo, antes de dar un pequeño respingo al escuchar la inconfundible voz de su mejor amigo, indagando sobre una posible expulsión, antes de sentarse a su lado y darle un beso en la mejilla, para hacer un nuevo comentario que casi logró que soltara una carcajada en mitad del pasillo.

—Lo sé, pero…, no lo conoces. Algunas veces, podría asegurar que me acosa —dijo en tono dramático, para luego dar rienda suelta a las risas e inundar el pasillo con el sonido de su alegría. Porque sólo había una cosa —además del café— que podía hacer de aquel momento, uno de esos insuperables: Callum y sus comentarios y su música; y su sombrero…, y su amistad. —. La verdad es que no tuve clases. El profesor Lewis se enfermó, justamente el día en que me levanté tarde y tuve que venir a la escuela corriendo como si… pues, corriendo para llegar a tiempo —la comparación no llegó a su cabeza y ella le restó importancia. Porque con decir “para llegar a tiempo” debía bastar. —. Mira —y extendió la pierna, para enseñarle la tela colgante de su ex ruedo. Como para que viera que hasta eso había pasado por alto, por las prisas de llegar a la primera clase. —. Con honestidad… ¿luce bien? —porque de pronto le daba un aire más desenfadado a su aspecto y si no se veía mal, no había necesidad de arreglarlo, hasta que su madre lo viera y su grito se oyera hasta Roma. Entonces su padre reiría, Clarisse reiría y hasta Anthony podría sonreír —aquella era una petición llena de ¿fe? Claro, fe en el chico, en nadie más—, harían que Sarah riera y, luego de eso, pero sólo luego de eso; Savannah arreglaría el ruedo. Y no le preocupaba mucho, porque tampoco se veía como alguien recién salido del basurero.

Entonces escuchó a Cal, decir que olía sexy —ella, obviamente— y no pudo evitar fruncir el ceño, darle una mordida a su última tostada y ofrecerle un poco a su amigo.

—¿Y cómo se supone que es un olor sexy? —preguntó extrañada, antes de sonreír como siempre. —. Por cierto ¿de dónde vienes? ¿No se supone que tú sí estés en clases? —porque aquella, su primera clase del día, era una de las que no compartía con Callum, o eso pensaba, porque no conocía el horario del muchacho, pero si él no sabía que el señor Lewis estaba enfermo, probablemente no irían juntos a la primera clase del jueves; de modo que su profesor sí debía estar en el salón. Porque si había otro docente enfermo, aquello debía ser, entonces, una especie de conspiración educativa de la que ella no se había enterado.
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